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Los Medina, una saga veterinaria de España a México

25/10/2018Colegio de Toledo La Tribuna de Toledo
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El Colegio Oficial de Veterinarios de Toledo recordó ayer con una conferencia del profesor Miguel Ángel Márquez a la rama mexicana de esta particular familia toledana de veterinarios y al recientemente fallecido Santiago Medina, presidente de honor


Hablar del Colegio Oficial de veterinarios de Toledo es hablar de la familia Medina. El 2 de octubre de 2017 falleció a los 87 años Santiago Medina Díaz-Marta, presidente de honor del colegio y nieto de su fundador y primer presidente, Victoriano Medina Ruiz, que en 1904 se destacó como pionero en la colegiación veterinaria en España y, además, sobresalió en el mundo de la prensa con la revista ‘La Veterinaria Toledana’. Todo un hito dentro de las publicaciones especializadas.


Victoriano Medina, además de veterinario y editor, fue concejal del Ayuntamiento de Toledo y autor en 1902 del primer reglamento de matadero público que, posteriormente, serviría de modelo para el Reglamento General de Mataderos de 1918.
Hablar del apellido Medina en Toledo es hacerlo, por lo tanto, de la Historia de la Veterinaria Española; en mayúsculas.


Si sumamos a este binomio que hablar del apellido Medina en México es hacer lo propio al otro lado del Atlántico, la influencia veterinaria de esta particular familia de toledanos alcanza cotas épicas.


Al reto de contar la historia de esta genial saga se enfrentó ayer el profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional Autónoma de México Miguel Ángel Márquez, que se encargó de impartir una conferencia en la sede del Colegio Oficial de Veterinarios de Toledo sobre la biografía de tres Medinas ilustres que emigraron al país centroamericano para ser claves también de su historia veterinaria.


Se trata de Manuel Medina García y dos de sus hijas: África Medina Navascues y Ángeles Medina Navascues.


El toledano Manuel Medina se graduó como veterinario en Madrid a los 19 años. Ingresó en el ejército y participó en la Guerra del Rif contra Marruecos (1911-1927). En tierras africanas conoció a su esposa, María de los Ángeles Navascues, oriunda de Manila y descendiente de los españoles que colonizaron Filipinas. Juntos fundaron una familia cuya felicidad se vio truncada por la Guerra Civil española. En 1939 se vieron obligados a huir a Francia y, tras una temporada en Burdeos, embarcaron rumbo a México, donde el gobierno se ofreció a acoger a los refugiados españoles.


Una vez en México, África Medina continuaría la saga veterinaria familiar convirtiéndose en la primera mujer en terminar los estudios de veterinaria en México. Su hermana Ángeles, más pequeña, sería la cuarta pionera.


África trabajó junto a su padre en el laboratorio que este fundó, Anier, produciendo vacunas y bacterias para el ganado. Ángeles, por su parte, estaba llamada a la docencia. Durante 30 años impartió la cátedra de histología, citología y práctica veterinaria en la universidad de Ciudad de México, siendo responsable de la formación de centenares de especialistas. Entre ellos, Miguel Ángel Márquez, el hombre que ayer se encargó de recordar en Toledo su legado.


Ángeles, o Angelita como la llamaban sus alumnos, falleció el pasado mes de julio a los 100 años de edad. Pasó toda su vida dedicada a la enseñanza, y al jubilarse se dedicó a cuidar y ayudar a leer a invidentes en el distrito mexicano de Coyoacán. Todos los meses de diciembre, después de que fuera ingresada en una residencia, recibía la visita de sus antiguos alumnos, que la llevaban un pastel con una vela en el día de su cumpleaños y la cantaban, como allí es tradición, ‘las mañanitas’.


En 2003 el teléfono sonó en la oficina del ayer conferenciante, en Guadalajara (Jalisco). Era el difunto Santiago Medina, que desde Toledo pedía información sobre el estado de Angelita. La conexión de esos dos ‘mundos Medina’ hizo posible que en 2009 Miguel Ángel Márquez presentara las biografías de los Medina mexicanos y ayer, después de comer con Enrique Pita, sobrino del fallecido Santiago Medina, y su viuda, que todo culminara con una magnífica conferencia que se cerró con un solemne ‘in memoriam’ para el propio Santiago y su genial abuelo, Victoriano Medina, impulsor de la veterinaria en Toledo y, por ende, a través de su saga, en México.

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