Una cifra que debería hacer saltar todas las alarmas. La edición de julio-agosto 2026 de la revista IM Veterinaria —su número 70— dedica un análisis de fondo al estado emocional de la profesión veterinaria en España, y los datos que presenta son de una gravedad que difícilmente puede ignorarse: el 11,8% de los veterinarios en España ha llegado a tener pensamientos suicidas o de autolesión relacionados directamente con su trabajo, lo que supone una tasa 4,5 veces más alta que la de la población general, según los datos del estudio EDADES, que sitúa en el 2,2% ese porcentaje en la población entre 15 y 64 años.
Un sector bajo una presión sin precedentes
La profesión veterinaria acumula desde hace años una presión creciente que no ha encontrado respuesta estructural. Los veterinarios clínicos se enfrentan a una mayor demanda asistencial, una creciente carga burocrática —agravada por la implantación del sistema PRESVET y el debate sobre el Real Decreto 666/2023—, sueldos que no reflejan la cualificación exigida y una creciente dificultad para conciliar la vida profesional y personal. A todo ello se suma la exposición cotidiana a situaciones emocionalmente difíciles: la eutanasia de animales, el trato con propietarios en momentos de duelo y la responsabilidad de tomar decisiones clínicas de alto impacto con recursos a menudo insuficientes.
El veterinario como guía emocional: una carga invisible
La revista dedica también espacio a analizar el papel del veterinario como "guía emocional del tutor": la gestión del vínculo entre el propietario y su animal, que en la consulta diaria exige una carga empática enorme, especialmente en el entorno de la clínica de animales de compañía. Esta dimensión emocional del trabajo veterinario, pocas veces reconocida formalmente, contribuye de forma significativa al agotamiento crónico que afecta a una parte cada vez mayor del colectivo.
La nutrición, el bienestar y la urgencia de actuar
La publicación insiste en que el bienestar del profesional no es una cuestión secundaria: un veterinario agotado, angustiado o en situación de crisis emocional no puede ofrecer la mejor atención posible a los animales ni a sus propietarios. El sector reclama medidas concretas que vayan más allá de los discursos: apoyo psicológico accesible para los profesionales, reconocimiento institucional del desgaste emocional del trabajo veterinario y la inclusión del bienestar del veterinario como una variable a considerar en las políticas de salud pública.
https://www.imveterinaria.es/revista/70/

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