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El hombre, y no los otros animales, es la causa de las pandemias

13/04/2020 ABC
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Una mujer protegida con una máscara en el metro de Moscú, en marzo - EFE

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La COVID-19 ha mostrado que el riesgo de que ocurriera una gran pandemia era real. Científicos de varias especializaciones avisaron hace años de que el sistema de respuesta no estaba preparado y que el mundo globalizado es muy vulnerable a los nuevos patógenos. Entre otras cosas, porque la población es cada vez mayor y tiene más contacto con animales, el origen de los patógenos emergentes, a la vez que existen rutas aéreas que conectan todo el planeta en cuestión de horas: por eso un virus originado en murciélagos en China puede extenderse por el mundo en poco tiempo.


Un estudio que se ha publicado recientemente en la revista científica « Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences» ha venido a ahondar en esta cuestión. Los investigadores, de la Universidad de California en Davis, Estados Unidos, han concluido que el impacto humano sobre los animales en todo el planeta está aumentando el riesgo de dispersión deenfermedades zoonóticas, es decir, procedentes de animales, como la gripe, la COVID-19 o el ébola. Es decir, la caza, el comercio de animales, la destrucción de hábitats y la construcción de ciudades tiene un impacto directo en la frecuencia con que las enfermedades de animales pasan a afectar también a los humanos.

«A medida que la naturaleza pierde espacio, las personas tienen más contacto con la vida salvaje» ha dicho en « Newsweek» la epidemióloga Christine Johnson, directora de la investigación. «La vida salvaje cambia su distribución para adaptarse a las actividades humanas y la modificación de los paisajes». Y, en consecuencia, «ha aumentado la emergencia de enfermedades procedentes de animales y ha surgido el riesgo de las pandemias».

¿Por qué «saltan» de animales a humanos?
Los coronavirus, patógenos que infectan normalmente a los humanos causando catarros, han dado al menos tres saltos desde animales a humanos desde que comenzó este siglo, con las epidemias de SARS, MERS y la actual, la de SARS-CoV-2, a partir de camellos y murciélagos. Por otro lado, la gripe circula en patos, gallinas, cerdos y hasta gatos y el terrible virus ébola también procede de murciélagos, pero en este caso, de ejemplares africanos.

Estos saltos entre especies ocurren cuando los virus se transmiten entre personas y animales y adquieren mutaciones que les facilitan contagiar a nuevos huéspedes. Por eso, lógicamente estas transmisiones son más probables cuanto más parecidos son los hospedadores entre sí: en el caso de las personas, los animales que más fácilmente pueden contagiarles nuevas enfermedades son los otros mamíferos.

El peligro viene de los animales domesticados
En este caso, los investigadores han recopilado información sobre 142 virus zoonóticos para tratar de averiguar cuáles son las causas de la transmisión de virus desde animales a humanos. Así han observado que los animales domesticados pasan ocho veces más patógenos que los salvajes. Entre los que viven en la naturaleza, los roedores, los primates y los murciélagos son los que comparten más patógenos con las personas.


Otro de los fenómeos que han observado es que las criaturas amenazadas por la pérdida de hábitats o la sobre-explotación albergan dos veces más virus zoonóticos que los que declinan por otros motivos, lo que reafirma la idea de que allá donde hay más humanos hay más riesgo de transmisión de nuevas enfermedades.


Y podría ser incluso peor. «Sospechamos que la dispersión de patógenos normalmente pasa desapecibida y que solo una proporción de éstos crea epidemias detectables», han escrito los autores. De hecho, en el caso de la COVID-19, se sospecha que el virus procede de murciélagos y pangolines, pero también se ha sugerido la posibilidad de que podría haber estado transmitiéndose entre personas un tiempo antes de provocar la epidemia en China.

La causa: la presión humana

Los investigadores han recordado que la presión humana ha puesto a la cuarta parte de los mamíferos no domesticados de la Tierra en peligro, según la Lista Roja, pero que han favorecido la abundancia de otros capaces de adaptarse a los entornos humanos, como los ratones.


«Debemos tener mucho cuidado con cómo interaccionamos con la vida salvaje y las actividades que ponen en contacto a personas y animales», ha dicho Johnson. Por ejemplo, en relación con la COVID-19, algunos investigadores han propuesto prohibir el comercio de ciertos animales y poner fin a los mercados abiertos en China.


«Lógicamente, no queremos que ocurran pandemias de esta escala», ha dicho Christine Johnson, refiriéndose a la COVID-19. «Necesitamos encontrar formas de coexistir de forma segura con la vida salvaje, dado que precisamente no les faltan virus que pasarnos».


En relación con todo esto, esta semana un grupo de 200 organizaciones ha mandado una carta a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para pedir la prohibición permanente de mercados de animales salvajes y su utilización en medicina tradicional. Se sospecha que el coronavirus causante de la COVID-19 procede de uno de estos mercados en la ciudad de Wuhan, China.

 

 

 

 

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