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Así fue cómo creció la hierba en el cuello de seis ovejas cacereñas

14/03/2018Garciaz-Cáceres El Periódico Extremadura
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Antonio Teno junto a una de las seis ovejas.

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Miguel Ángel Muñoz Rubio

 
Lleva Antonio Teno Ferrera desde 2003 dedicándose al cuidado de las ovejas, pero nunca se había topado con una singularidad que encontró extraordinaria cuando hace un par de días se dio cuenta de que a seis de las 370 cabezas de las que a diario cuida les había crecido hierba en el cuello. Tal fue su sorpresa que, emocionado, comenzó a compartir fotos del hallazgo en el grupo familiar de whatsapp. Hoy, en Garciaz, el pueblo de la provincia de Cáceres donde reside, no se habla de otra cosa.


«Los comederos tienen una rejilla en la parte de arriba en el que echo la avena en rama. Los animales meten allí la cabeza, rumian, y el grano, con el movimiento, salta y acaba metiéndose entre la lana. Al final ha germinado. Como era la primera vez que veía algo así solo se me ocurrió decir: ¡hostia, qué le ha pasado a mis ovejas que llevan el bocadillo encima!», relata entre risas el ganadero.

Teno comenta que lo que ha sucedido es algo parecido a la hidroponía, cultivo de plantas en soluciones acuosas, por lo general con algún soporte de arena o grava, solo que en esta ocasión se ha producido en la lana de las ovejas.

Ana Teno, hermana del propietario de los animales, cuenta que las últimas lluvias han podido agilizar el proceso. «El pantano de Los Manuelos lo tenemos hasta arriba, es impresionante, hay hasta cataratas y es una preciosidad. ¡Si hace dos días nos estábamos abasteciendo de los pozos de sondeo! Como el campo estaba pelado, todo muy seco, mi hermano echaba alpacas de heno a las ovejas y al final les ha acabado brotando la hierba. Es verídico, quien quiera venir a verlas que venga al pueblo», añade sin poder evitar una carcajada.

El veterinario Javier Galapero explica a EL PERIÓDICO que este tipo de casos son habituales. Generalmente se producen después de un periodo de sequía, la semilla cae en el cuello de la oveja, proclive a albergarla porque está sucio y terroso, y con la lluvia termina creciendo. «Normalmente suele ocurrir si comen heno o paja en comederos. Las semillas entran en la lana, que es un estrato del animal con mucha grasa, lo que facilita su germinación».

Galapero indica que suelen verse en el cuello y que también es habitual en el torso. «No es peligroso para la oveja, porque la hierba no enraiza y se acaba secando. Su aparición viene muy bien a las garcillas, que se posan sobre los animales y picotean de su cuello, no les provoca daño y es una simbiosis perfecta», concreta este veterinario acostumbrado a tratar animales de ganaderías.

Ay, las ovejas, esos animales que permitieron que floreciera la civilización, había que pastorearlas y vigilarlas, lo que condujo a asentamientos humanos más numerosos. Qué necesarias son, y si no, que le pregunten a Antonio Teno que con orgullo posa junto a ellas mientras con su particular sentido del humor exclama: «¡A este paso les sale una tomatera!».

 

 

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