Historia colegios

SANTANDER / CANTABRIA

01/01/1912

Fecha de constitución definitiva: 1 enero 1912.

Primer presidente: Carlos Santiago Enríquez.

Primer secretario: Cesáreo Varela Ruiz.

Oficial: Real orden 2 julio 1912, en Gaceta de Madrid, 5 julio 1912.

Colegiados en 1912: 29 de 26. Veterinarios en la provincia en 1911: 33.



 

La Veterinaria Toledana, nº89, 31 enero 1912, pág. 12. “Nuevo Colegio”.

En Santander se ha constituido el Colegio Veterinario provincial, con gran entusiasmo por parte de los Veterinarios de aquella región, habiendo nombrado presidente del mismo al ilustrado Inspector de Higiene pecuaria de aquella provincia Carlos Santiago, a cuyos trabajos se debe el que dicho Colegio se haya organizado. Felicitamos a nuestros compañeros de Santander por la constitución de esta nueva agrupación profesional, y nos ofrecemos en nombre del Colegio toledano para todo cuanto signifique defensa de la clase.

 

LOSADA VAREA, C. Un siglo de profesión veterinaria en Cantabria, Santander, Colegio Oficial Veterinario de Cantabria, 2009, págs. 35 – 38.

Según el censo elaborado por el Colegio Oficial de Valencia en 1911, en la provincia de Santander ejercía un inspector provincial de Higiene Pecuaria y Sanidad Veterinaria, Carlos Santiago Enríquez, 11 subdelegados que desempeñaban su labor en otros tantos distritos de la provincia, teniendo a su cargo a otros veintidós veterinarios. Los distritos eran los de Santander, Torrelavega, Castro Urdiales, Laredo, Reinosa, Santoña, Potes, Cabuérniga, Villacarriedo y Ramales, y estas cabezas de distrito incluían a su vez una serie de municipios. Resulta significativo que en este censo del colegio valenciano se haga constar que “el Distrito de San Vicente de la Barquera, de esta provincia, no tiene subdelegado ni veterinarios”.

Este pequeño colectivo profesional mantenía reuniones o tertulias de manera más o menos periódica en los salones y terrazas de los cafés santanderinos. Podemos suponer que en estas citas se intercambiaban impresiones sobre la situación profesional y se buscaban posibles soluciones a los problemas técnicos y científicos con los que estos profesionales se enfrentaban cada día.

Conscientes ya entonces de lo beneficiosos que para la profesión resultaban estos encuentros, deciden dar los primeros pasos para constituirse en corporación profesional y fundar el “Colegio de Veterinarios de Santander”, siguiendo así las iniciativas ya consolidadas de otras provincias españolas. Con el impulso entusiasta del inspector provincial de Higiene y Sanidad Veterinaria, Carlos Santiago Enríquez y del que fuera subdelegado de veterinaria, Manuel Varela, un grupo de veterinarios deciden reunirse en el mes de diciembre de 1911 en las oficinas de la Inspección Provincial. Unos días después, Carlos Santiago se encargó de convocar a los treinta veterinarios que ejercían en esta provincia, invitándoles a la primera reunión oficial que tendría lugar a las diez de la mañana del día uno de enero de 1912 en la sede de la Inspección Provincial. En la convocatoria se expresaba el deseo de llevar a cabo la colegiación “como procedimiento de unión y defensa y para establecer lazos de fraternidad y compañerismo entre todos”.

A esta primera asamblea solo acudieron 15 veterinarios.

En la ciudad de Santander a las diez y media del día primero de enero de mil novecientos doce y en las oficinas de la Inspección provincial de Higiene Pecuaria y Sanidad Veterinaria, se reunieron los señores que a continuación se expresan convocados por Carlos S. Enríquez, Inspector de Higiene Pecuaria de la provincia y bajo la presidencia de dicho Sr. Apolinar Tovar, Manuel Varela, Alejandro Maté y César Maté, del partido de Santander; Rufino Oyarzabal, de Hoznayo; Pablo González Barriocanal, de Cabezón de la Sal; Cesáreo Varela y Varela y Apromiano Fernández, de Torrelavega; Gerardo Bringas, de Solares; Remigio Mantilla, de Reinosa, José Ruiz Fernández, de Molledo; Rafael Revuelta, de Ampuero; Gorgonio Mediavilla, de Santoña; Genaro Maté, de Astillero y Mateo Rodríguez, de Sarón.

El Sr. Santiago Enríquez da lectura a las cartas de adhesión que ha recibido de algunos compañeros, rogándole les represente en este acto por la imposibilidad en que se ven de concurrir a él personalmente. Dichos señores son: Melquiades Sollet y Federico Sarmiento, de Santander; José Cabiedes, de Potes; Luis Benito García, de Cabuérniga; Pedro Peña, de Polientes; Gonzalo Bolado, de Renedo de Piélagos; Modesto Macías Rollán, de Corvera; José Vizcaíno, de Laredo; Francisco Valcárcel, de Villaverde de Trucíos; Daniel Bárcena, de Castro Urdiales; Saturnino Alonso, de Ramales y José Quintana Sierra, de San Vicente de Toranzo…

El señor Santiago Enríquez se refería a la ausencia de seis compañeros que “han dejado de prestar su conformidad a este acto” lamentando:

“Que no se hallen presentes todos los veterinarios de la provincia cosa que no creyó nunca que pudiera ocurrir, teniendo en cuenta que la Colegiación que se propone interesa por igual a todos los que ejercen la importante misión al veterinario hoy confiada, dentro de la provincia (…) dadas las ventajas que han de derivarse para todos de esta unión, tan necesaria hoy para poder defenderse con resultado del abandono en que se nos tiene por las autoridades locales y llegar a establecer entre todos los veterinarios de la Montaña, los lazos de fraternidad y compañerismo que por desgracia hoy no existen con perjuicio de todos y del prestigio de la clase”.

Quedaba así constituido el Colegio Veterinario de la provincia de Santander y admitidos como colegiados de número todos aquellos profesionales presentes en el acto, así como todos los adheridos por carta o telegrama, lo que hacía un total de 29 colegiados en esta nueva corporación profesional. Seguidamente, el inspector Santiago Enríquez dio lectura al Proyecto de Reglamento Colegial por él redactado, siguiendo para su elaboración las disposiciones de la Ley de Asociaciones entonces vigente y que habría de regular la vida colegial en los años sucesivos.

Una vez establecidas las normas que habrían de regir el funcionamiento colegial, se acordaba su envío al gobernador civil de la provincia para su aprobación, tras lo cual se procedería a su divulgación entre todos los colegiados. Se eligió la primera Junta Directiva del Colegio mediante un sistema de votación, cuyo resultado fue la elección del inspector de Higiene Pecuaria, Carlos Santiago Enríquez, para ocupar la presidencia. Para el resto de los cargos que debían formar la Junta Directiva se eligió a los siguientes subdelegados veterinarios: como vicepresidente fue elegido Melquiades Sollet Guirgont (Santander); como secretario y vocal tercero, Cesáreo Varela Ruiz (Torrelavega), tesorero, Alejandro Maté Díez (Santander), vocal 1º, Remigio Mantilla (Reinosa), vocal segundo, Apolinar Tovar (Santander).

Resulta significativo que ya en esta reunión fundacional se declarara Colegiados de Honor a Luis Bustamante (Santa Cruz de Iguña), Manuel Fernández y Fernández (Santillana), Carlos Pombo y Rafael Botín, “entusiastas ganaderos de la provincia y de la capital, respectivamente”. Igualmente a propuesta del presidente se acordó nombrar “presidentes de honor” a dos destacadas personalidades de la veterinaria nacional: Santiago de la Villa y a Dalmacio García Izcara, así como a otros destacados personajes de la vida política santanderina, como fueron Ramón F. de Hontoria (Conde de Torreanaz) y Manuel Enrique Pico Martínez, senadores por la provincia de Santander. Por decisión unánime de la nueva directiva se acordó declarar “órgano oficial del Colegio a la Revista de Higiene y Sanidad Veterinaria”, acordándose enviar un telegrama de salutación a Félix Gordón Ordás, redactor jefe de dicha publicación que logró convertirla en el principal instrumento divulgativo de las reivindicaciones de la profesión veterinaria en la España de la primera mitad del siglo XX.

Fijada la cuota anual en doce pesetas por colegiado, ese mismo día se hizo la primera recaudación entre los asistentes, al objeto de poder sufragar los primeros gastos de esta nueva organización colegial. Seis meses después, la directiva demostró cierta solidaridad al admitir como colegiado al veterinario de Renedo, Gonzalo Bolado, que había alegado su imposibilidad de pertenecer al Colegio “por falta de recursos y no poder abonar la cuota de Colegiado”.

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