Fecha de constitución definitiva: 13 mayo 1905.
Primer presidente: Dalmacio García Izcara.
Primer secretario: Juan de Castro Valero.
Oficial: Real orden 28 noviembre 1905, en Gaceta de Madrid, 6 diciembre 1905.
Colegiados en 1905: 166 de 197. Veterinarios en la provincia en 1911: 247.
Antecedentes: Constitución de la Sociedad de veterinarios establecidos en Madrid que excluye a veterinarios militares y docentes, 11 septiembre 1903.
Observaciones: Nada más formarse el colegio surgen algunos problemas con la integración de los directivos de la Sociedad, mayo 1905.
La Veterinaria Española, nº1653, 20 septiembre 1903, págs 413 – 414. “Nueva asociación profesional en Madrid”.
El día 11 del corriente quedó constituida en esta corte, después de varias sesiones preparatorias, con el nombre de Sociedad de Veterinarios establecidos en Madrid, una nueva Asociación cuyo objeto es, como su mismo nombre indica, la defensa moral y material de los intereses de los veterinarios establecidos en esta capital, ora dentro ora en el extrarradio de la misma. Por hoy solo podrán pertenecer a la expresada Sociedad los veterinarios residentes en el término de Madrid que ejerzan, con establecimiento abierto, ya clínicamente, ya con clínica y práctica de herraje, la profesión; pero su reglamento (que sabemos está redactado con un espíritu de concordia y de tolerancia a todas luces plausibles), autoriza el nombramiento de presidentes y socios de honor a las personas que, de un modo más o menos directo, favorezcan y apoyen a la nueva Asociación; y más adelante es casi seguro que la Sociedad ampliará el ingreso de sus asociados, que al presente creemos ascienden ya a 28 o 30.
La junta directiva, que fue asimismo elegida el precitado día 11 de conformidad con su reglamento (ya aprobado por el Gobierno civil de esta provincia), ha quedado constituida en la forma siguiente: presidente, Simón Sánchez, vicepresidente, Bonifacio Estrada, secretario, Matías Aspizua, vicesecretario, Ramón Pellico, tesorero, Indalecio Echevarría, contador, Luciano Pelous, bibliotecario, Teodoro Calvo, vocales, José Blanco e Ildefonso Soto.
Gaceta de Medicina Zoológica, año XXIX, nº9, 1 mayo 1905, pág. 143. “Colegio en Madrid”.
El secretario de la Asociación de Veterinarios civiles nos manifiesta que ha acordado convocar a todos los Profesores de la provincia a la reunión que el día 13 del actual se celebrará en esta corte para tratar de la creación del Colegio de Veterinarios de la provincia de Madrid. Los que no puedan asistir pueden dar su representación por escrito a cualquier compañero. Ya era hora de dar este paso y esperamos que no falte ninguno de la provincia o delegue en otro. Este número lo recibirán todos los Veterinarios de esta provincia.
Gaceta de Medicina Zoológica, año XXIX, nº10, 15 mayo 1905, pág. 159. “Colegio en Madrid”.
Sin tiempo para otra cosa, por estar ya en prensa este número, damos la grata noticia de haberse constituido el Colegio de Veterinarios de la provincia de Madrid. A la reunión han asistido cerca de 100 profesores, 30 o 40 representados. La Junta directiva votada la componen los señores siguientes:
Presidente honorario, Santiago de la Villa. Presidente efectivo, Dalmacio García. Vicepresidente, José Coya. Secretario, Juan de Castro. Vicesecretario, Antonio Ortiz. Tesorero, Simón Sánchez. Contador, Juan M. Montero. Vocales, Antonio F. Tallón, Eusebio Molina, Luis R. Pedrajas, Bonifacio Estrada, Julián Mut y Tiburcio Alarcón.
La Veterinaria Española, nº1713, 20 mayo 1905, págs. 214 – 215. “El Colegio Veterinario de Madrid”.
El Colegio Veterinario de Madrid se reunió, conforme a la convocatoria hecha en la prensa profesional y política, el día 13 del corriente, en el local señalado de antemano, bajo la presidencia del Sr. Sánchez (Simón), los señores Estrada, Pelons, Calvo y Aspizua (Matías), como secretario, que forman la mesa de la Asociación de Veterinarios civiles de Madrid. A la convocatoria concurrieron más de cien compañeros y en la junta reinó un entusiasmo grandísimo. Pocas veces hemos visto en Madrid reunidos tantos colegas.
Abierta la sesión a las cuatro menos minutos, y dada cuenta por el Presidente del objeto de la reunión, después de más de una hora y previa concesión de la palabra a los señores García (Dalmacio), Alarcón, Castro y Valero, Estrada y a otros señores cuyos nombres sentimos no recordar en este momento, respecto de cómo se había de constituir o formar el Colegio, se aprobó el Reglamento sin leerle, ni por tanto conocerle, comenzando acto seguido la votación de la mesa definitiva, que resultó como sigue:
Presidente honorario, Santiago de la Villa; presidente efectivo, Dalmacio García Izcara; vicepresidente, José Coya; secretario, Juan de Castro y Valero; vicesecretario, Antonio Ortiz de Landázuri; tesorero, Simón Sánchez; contador, Juan Miguel Montero; vocales: Antonio Fernández Tallón, Luis Rodríguez Pedrajas, Bonifacio Estrada, Domingo Bellán y Tiburcio Alarcón.
El nombre del Sr. Remartínez sonó con insistencia perenne para un cargo de importancia; pero enterado este señor de lo que se preparaba, rogó a sus numerosos amigos que no le eligieran para ningún cargo, por la sencilla razón, caso de ser elegido, de no poder desempeñarle, en virtud de sus múltiples y urgentes ocupaciones, y se retiró del local por tener que informar ante la Asamblea de Subdelegados sobre el Intrusismo y su legislación, según dejamos expuesto más arriba.
Pero no hemos de terminar esta breve reseña sin hacer constar nuestra profunda gratitud, no solo a los cuarenta y tantos amigos que votaron al director de esta Revista para ese cargo, sí que también a los que, accediendo con sentimiento al deseo expuesto, no votaron a dicho señor. Dios quiera que el Colegio viva mucho tiempo y que produzca en la práctica los excelentes resultados que todos los buenos amantes de la profesión tan vivamente deseamos, pues de su dignísima e importante Junta mucho y bueno puede y debe esperarse.
Nuestra cordialísima enhorabuena a todos, y si de nosotros se necesita alguna o algunas veces, puede disponerse en absoluto como se quiera.
Gaceta de Medicina Zoológica, año XXIX, nº11, 1 junio 1905, pág. 176. “¡Inaudito, increíble!”
Nos asegura persona seria y formal que varios colegas de esta Corte se han reunido para levantar bandera de rebelión contra el Colegio de Veterinarios de la provincia de Madrid, recientemente creado. Esa labor incorrecta y suicida parece que es debida al mefistofélico trasteo de alguien que deseaba la presidencia del Colegio, que no tuvo a bien conferirle la Asamblea celebrada al objeto. Si esto fuese cierto, habría que dar la razón a los Veterinarios de provincias, que dicen que lo más díscolo e insubordinado de la clase reside en Madrid. No dudamos que los compañeros de esta provincia no se dejarán sorprender ni se prestarán a escisiones que darían lugar a la muerte del nuevo Colegio.
Gaceta de Medicina Zoológica, año XXIX, nº12, 15 junio 1905, págs. 177 – 179. “Colegio de Madrid”.
Resultó cierta la escisión que se susurraba. Los señores Sánchez, Bellán y Estrada han renunciado el cargo para que fueron elegidos. Se funda el primero en que el nombramiento de la Directiva no es legal, y el tercero en que no es del agrado (¡atiza!) de algunos Veterinarios establecidos en Madrid. Lo primero no es exacto, es perfectamente legal el nombramiento; lo segundo es... risible, pues si no es grata la Directiva a media docena de madrileños, es muy del agrado de la mayoría que la eligió y del centenar de compañeros que van ya colegiados. Deploramos que el Sr. Estrada, dada su cultura y sensatez, so haya dejado llevar de incorrecciones y ambiciones seniles de ilustres mediocridades.
Respecto a otras especies que vuelan por ahí, sólo decimos hoy que deben darse por muy satisfechas y honradas ciertas gentes con la compañía de los que dicen no son de su agrado. Y sentiremos que nos obliguen a patentizar esto y otras cosas, que por ahora silenciamos en bien de la unión y de la concordia; pero si se nos provoca tiraremos de la manta y descubriremos el fondo asqueroso de ciertas llagas profesionales, pues no hemos de consentir se atente a lo más prestigioso y culto de nuestra clase. Afortunadamente la casi totalidad del profesorado madrileño acepta el acuerdo de la mayoría de los compañeros de la provincia y desea la más estrecha unión y armonía entre los distintos elementos de la gran familia veterinaria. ¡Como que sin el concurso de Catedráticos, Veterinarios militares. Inspectores de carnes, Subdelegados, Profesores establecidos y no establecidos es imposible ni formar Colegio ni ir a ninguna parte!
Déjense de escisiones y trabajemos todos unidos para que ni uno solo de los Veterinarios que residen en la provincia se abstengan de colegiarse en seguida a fin de que el Colegio madrileño sea pronto declarado corporación oficial y no sea esta provincia la nota discordante. Así, pues, desoigan los malos consejos de los enemigos de la colegiación, no se dejen sorprender ni engañar con cantos de sirena, rechacen esa injustificada y censurable rebelión de los díscolos, insubordinados o ambiciosos, y agrúpense todos bajo los pliegues de la bandera del nuevo Colegio.
Para conseguir pronto este resultado estamos obligados, moral y materialmente, cuantos asistimos a la reunión general en la que se creó el Colegio a gestionar personalmente con nuestros amigos para que envíen con la mayor urgencia su adhesión al digno e ilustrado presidente Dalmacio García Izcara. Los subdelegados de todos los distritos de Madrid y de los partidos judiciales, así como los ciento y tantos compañeros que asistieron y estuvieron representados en la Asamblea general, deben tomar a empeño el conseguir que sin pérdida de tiempo se colegien todos sus amigos que aún no lo estén, pues sería la vergüenza de las vergüenzas y un verdadero padrón de ignominia si fracasara la colegiación en esta provincia por la ambición de una sola personalidad y la falta de entereza o independencia de los pocos que la siguen por tan extraviada senda. La Redacción.

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