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El gato en Egipto

08/08/2017 Escuela Veterinaria MD
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Sarcófago con aspeto de gato, mediante un proceso de rayos X, se aprecia la momia de un gato en su interior.

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Como parte de su vida cotidiana, los antiguos egipcios adoraban a algunos animales porque consideraban que, a diferencia de los humanos, estaban en contacto directo con los dioses, sabían lo que estos pensaban y los representaban en la Tierra. El gato era uno de estos animales sagrados, razón por la que hay imágenes y estatuillas de estos felinos por todas las esquinas de Egipto.

 

Se sabe que los gatos fueron domesticados e introducidos en los hogares de los egipcios hace ya más de 4000 años. Originariamente parece que los primeros gatos caseros tenían una utilidad práctica y se empleaban para alejar a las serpientes y los roedores. Sin embargo, los antiguos egipcios dejaron de considerar a los gatos como animales útiles (desde el punto de vista práctico) relativamente pronto y pasaron a atribuirles características divinas. Este cambio en la consideración de los felinos, no los alejó de los hogares egipcios; más bien fue al contrario, pues estos pequeños animales pasaron a formar parte de la vida diaria y familiar.

 

Las representaciones de gatos abundaban en templos y zonas públicas, y se colocaban estatuas de gatos junto a las casas para proteger a sus habitantes y para expulsar a los malos espíritus. Podemos encontrar representaciones pictóricas con escenas de gatos incluso en las tumbas, especialmente en las que datan de la época del Imperio Nuevo (1540-1069 a.C.): algunas de estas representaciones son imágenes en las que los felinos se encuentran debajo del trono de una mujer y otras son pinturas de  caza en las que aparecen gatos en lugar de perros (las más apreciadas de estas escenas eran aquellas en las que los gatos parecían haber sido entrenados para atrapar aves y peces).

 

Mafdet fue la primera deidad felina de Egipto, representada habitualmente como un lince. Sin embargo, había otras diosas felinas más conocidas, como son Bastet y Sekhmet, que representaban el equilibrio de las fuerzas de la naturaleza.

 

La diosa-leona (y, en ocasiones, diosa-gata) Sekhmet representaba la fuerza de la catástrofe y era conocida como la diosa de la guerra y la destrucción. Su contrapeso era la diosa-gata Bastet (también conocida como Bast), diosa de la fertilidad y protectora de niños y gatos; llegó a ser tan amada que se convirtió en la diosa de los hogares.

 

 

Bastet era representada originariamente como una gata completa pero más tarde, aunque siguió conservando la cabeza felina, adquirió el cuerpo de una guapa y atractiva mujer; lo que se corresponde con la necesidad que sienten las personas de adaptar la realidad a los parámetros humanos.

 

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